Ruta interior. Verano 2009

Dos días de camino a Zaragoza en los que hemos estacionado nuestras vivencias en otros lugares.

El camino quizás nos parecía corto, y es por ello que pusimos rumbo a Cáceres, ciudad Romana y con una excelente conservación de su bonita zona amurallada, estandarte de historias pasadas, y Salamanca, cuna de las letras, las ciencias, las artes y el conocimiento en torno a la universidad.

Es en esta última donde pasamos una segunda noche, para marcharnos al día siguiente a la región aragonesa.

Un ambiente genial, dicharachero, en la ciudad de Salamanca, me recordó a las noches románticas de Granada de este pasado otoño, en las que paseábamos por la cultura nazarí y saboreábamos algunos bonitos momentos, recuerdos a los que volver en situaciones menos agraciadas.

La Plaza Mayor de Salamanca me ha causado gran satisfacción, un sentimiento positivo, en ocasiones está ésta acompañada por la tuna, tradición que se resiste a desaparecer y que en esta ciudad posee una gran referencia.

Quizás pueda decir que Salamanca me ha causado una impresión muy positiva, una ciudad con un encanto difícilmente igualable y que no conocía, un lugar al que querer volver apenas lo has abandonado.

El Tormes baña los alrededores del casco viejo, que con un atractivo histórico lo sortea con un precioso puente de piedra y un no menos atractivo puente de hierro, formando una entrada ideal en el frondoso paraje a orillas del río.

Es éste un lugar muy acompañado por las personas que hacen deporte al anochecer, pudiendo disfrutar de la naturaleza y de un marco incomparable, con las iglesias y edificios emblemáticos iluminados de fondo, teniendo cada noche la posibilidad de disfrutar de la mejor de las postales.